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Pensar la deriva conduce al acto de deambular por territorios/paisajes prohibidos cargados -o no- de significados simbólicos. No simplemente como el movimiento del caballero errante, sino desde una experiencia intuitiva y casi espiritual con aquel paraje. La deriva no acepta la espacialidad con reglas convencionales, sino sujeta a leyes casi invisibles que se rigen en sintonización con el territorio específico por el cual se deambula. Podría entenderse como una experiencia mental de sobrevivir a la búsqueda del sentido de lo desconocido.
Definición entregada por Alonso Bello